Hace unos días, una muy pequeña y tímida lagartija, apareció en el living de la casa de Bea. Se llamaba Lágar.
La lagartija, al parecer, estaba cansada de vivir en uno de los palos del portón de corredera de la casa, porque se sentía muy sola y cada día más intranquila. Por eso, se había atrevido a entrar al living de la casa, buscando un poco de cariño y seguridad, porque en el portón la molestaban mucho.
Y, un día, al salir a tomar sol, había divisado a lo lejos la casa de Bea. Se acercó despacio y vio a la dueña de casa que le pareció muy simpática y amante de los animales, porque se había cruzado con un perro y un gato que iban muy contentos. Eso le dio ánimo para entrar y esconderse en el living donde esperaría hasta la mañana siguiente, para ver si era bienvenida.
Al otro día, al sentir ruido, se acercó con cuidado y se encontró con unos ojos que la miraron con cariño y sorpresa, sin embargo, no pudo evitar asustarse y corrió al comedor. Bea siguió limpiando por aquí y por allá, mientras que la lagartija, de a poco, empezó a sentirse como en su casa, porque se sintió respetada.
Esa noche durmió tranquila y, al despertar, de nuevo vio los ojos de Bea puestos en ella y, esta vez, intuyó que las manos de la mujer querían tocarla. Eso la asustó mucho y se escondió, porque el miedo se apoderó de ella.
Mientras tanto, Bea estaba muy arrepentida por lo que había querido hacer y pensó: tal vez no la vuelva a ver más, ¡qué pena me daría! Yo que la encontraba tan delicada y colorida. Me habría gustado ser su amiga.
Lágar, no sabía si lo que había hecho era bueno o malo, porque echaba de menos la mirada dulce de Bea y sentía en su corazón pequeño de lagartija, que también la extrañaba.
Después de pensarlo bien, tomó la decisión de dejar la casa por un tiempo para pronto volver a visitarla.
A los días, Lágar apareció, dio una vuelta por el campo de Bea y la vio parada al lado de un laurel gigante, que estaba enfermo. Se acercó sin que ella la notara y la escuchó decir: “te tendré que podar para salvarte mi querido laurel.” Y el árbol contestó: “sé que todo lo que me harás, será para salvarme.”
Lágar se impresionó por la confianza del árbol y se dio cuenta que Bea era muy especial y le gustaban mucho todos los seres vivos. Los quería a todos y, por eso, su campo estaba tan bien cuidado. Ella se preocupaba de cada detalle de sus habitantes y, así, todo estaba maravilloso.
Se alejó un poco para pensar en todo lo que había observado y escuchado y se dijo: “creo que llegó la hora de volver al living de Bea.”
Y así, una tarde, Lágar entró al living de la mujer y ella la estaba esperando sin moverse, para que no se asustara otra vez. La lagartija se dio cuenta, se acercó y le dijo: “te haré compañía y tú me cuidarás.”
Bea, sin tocarla, le sonrió diciéndole al mismo tiempo: “me adivinaste el pensamiento…Y agregó: “te enseñaré cada rincón de la casa, para que puedas estar tranquila siempre…”
Y colorín colorado…
#Saludos #Entrecanos,



