El renacimiento del Co-housing Senior

una alternativa a la soledad urbana

El envejecimiento de la población es uno de los grandes desafíos demográficos de nuestro siglo. Históricamente, las personas mayores se han visto abocadas a dos opciones principales frente a la pérdida de autonomía: depender del cuidado de sus familiares en el propio domicilio o ingresar en una residencia tradicional. Sin embargo, las nuevas generaciones de adultos mayores reclaman mantener el control sobre su propio destino y rechazan la institucionalización clásica.

Como respuesta a este deseo de autonomía, ha cobrado fuerza el co-housing senior (o covivienda), un modelo habitacional autogestionado donde los residentes cuentan con espacios privados (sus propias casas o apartamentos) y comparten amplias zonas y servicios comunes (comedores, huertos, talleres, etc.). En Europa, este modelo ha registrado crecimientos cercanos al 40% anual, consolidándose como un antídoto eficaz contra el «aislamiento silencioso», reduciendo la depresión y fomentando un envejecimiento activo basado en el apoyo mutuo y la vida comunitaria.

Dos realidades europeas: Países Bajos frente a España

Aunque el modelo tiene raíces comunes en el norte de Europa, su grado de implantación y desarrollo presenta diferencias notables entre los países pioneros, como los Países Bajos, y aquellos donde es una tendencia incipiente, como España.

En los Países Bajos, la vivienda colaborativa cuenta con un fortísimo respaldo de las corporaciones habitacionales y se aborda desde una estrategia doble: una decidida política de vivienda que ofrece cuidados personalizados y la paulatina transformación de residencias clásicas en verdaderas unidades de convivencia. Sus proyectos destacan por su innovación arquitectónica orientada a la «vivienda para toda la vida».

Proyectos masivos como Humanitas (con unas 3.000 viviendas en todo el país) promueven la intergeneracionalidad permitiendo, por ejemplo, que estudiantes universitarios vivan gratis a cambio de dedicar 30 horas mensuales a acompañar a los mayores.

Existen «aldeas» diseñadas específicamente para personas con alzhéimer o demencia, como Hogeweyk (Dementia Village) o Villa Vissershaven, que simulan pueblos reales con calles, plazas y supermercados, garantizando la seguridad sin mermar la libertad de movimiento.

En España, el co-housing senior es un fenómeno emergente liderado casi exclusivamente por la iniciativa ciudadana y la Economía Social, siendo la figura de la cooperativa en régimen de cesión de uso la más habitual,. Aunque el interés social es enorme (un 45% de los mayores preferiría esta opción frente a una residencia tradicional o irse con sus hijos), los proyectos españoles se enfrentan a obstáculos estructurales severos.

Obtener financiamiento bancario es extremadamente complejo debido a la avanzada edad de los cooperativistas, quienes a menudo son considerados «perfiles de alto riesgo» por la banca privada.

La maduración de un proyecto puede tardar de 5 a 15 años por la maraña burocrática y, sobre todo, por la resistencia de muchos Ayuntamientos a ceder suelo público para estas iniciativas comunitarias.

El horizonte en América Latina; retos para replicar el modelo

América Latina está comenzando a experimentar una transición demográfica acelerada (tan solo en México se estima que para 2050 habrá más de 32 millones de personas mayores de 60 años). Aunque países como Argentina y Uruguay ya están impulsando tímidamente el senior cohousing desde iniciativas privadas que buscan recuperar valores solidarios, replicar este modelo a gran escala en la región enfrenta retos mayúsculos e ineludibles.

La política de vivienda del Estado en la mayoría de los países latinoamericanos ha excluido este tipo de modelos. Tradicionalmente, se ha limitado a facilitar créditos individuales para la adquisición de inmuebles. Replicar el cohousing exige reformar las Leyes de Vivienda nacionales para reconocer oficialmente la «vivienda colaborativa o autogestionada» como una modalidad con derecho a apoyos, suelo y financiamiento público.

A diferencia del contexto europeo, una gran proporción de los adultos mayores en América Latina no cuenta con los recursos económicos para autofinanciar proyectos privados. En México, por ejemplo, el 16% de los adultos mayores sufre rasgos de abandono y maltrato, y gran parte de la población mayor que trabaja lo hace en actividades de sobrevivencia (sector agropecuario, apoyo elemental, etc.). El co-housing en la región requeriría fuertes subsidios estatales para no convertirse en un modelo elitista.

El cohousing no solo son «ladrillos», es un modelo integral. En América Latina, los sistemas de salud y pensiones están altamente fragmentados. Para que el modelo funcione, el Estado debe garantizar que estos complejos cuenten con acceso real a servicios sociosanitarios, prevención de desastres y sistemas de cuidados públicos integrados.

#Saludos #Entrecanos,

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